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Este testimonio es el de Charo Marín, con un poco de miedo a hablar de su experiencia, que aún está intrigada por las experiencias que le tocó vivir.

Charo se encontraba en la sala de baile una tarde, alrededor de las siete y media, se encontraba sola, cuando al levantar la cabeza observó a un niño que se ocultaba tras uno de los muros de la barandilla. “Asomaba su cabecita y al ver que yo lo estaba mirando se escondía, como si quisiera jugar conmigo”.

Lo sorprendente es que la zona en la que vio al chico se encuentra cerrada con llave, nadie sube, y no está permitido el acceso. Es más, las llaves hay que pedirlas en conserjería, además, abrir las puertas es bastante complicado y en ese lugar del centro no se realizan cursos para menores, “por lo que supe perfectamente que aquel niño que parecía jugar conmigo era un fantasma”.

Pero no acabó ahí el desagradable encuentro de Charo, ya que tendría la oportunidad de ver al misterioso niño en dos ocasiones más, pero en otras dependencias del edificio.

La mujer lo describe del siguiente modo: “Viste un babi a rayas; su aspecto es descuidado, tiene la cara sucia, aspecto famélico, desnutrido y grandes ojeras, da miedo verlo”.

José David Flores, también se topó con este niño espectral. Sucedió a última hora de la tarde del mes de Abril de 2007. José se arrodilló para atarse los cordones de las deportivas, momento en el que sintió que alguien se le acercaba.

Frente a él se encontraba alguien con unos pequeños zapatos rotos por los laterales. Entonces levantó la cabeza y vio a un niño de aspecto demacrado, casi mortecino, mirándolo fijamente a una distancia de 20 centímetros…. “No supe reaccionar, me quedé allí frío como el hielo mirándolo”.

“Aquel chaval no era de este mundo, estoy completamente seguro. Me miraba, pero sus ojos denotaban falta de vida, muertos, miedo y nostalgia”, afirma el testigo. “La temperatura descendió bruscamente en cuestión de segundos –sigue narrando– y una gran emoción me dominó por completo. Fue algo inenarrable, quise tocarlo, pero nada más mover mi mano la figura se desvaneció entre mis dedos, en el aire”.

También se le presentó en el baño, cuando este hombre se estaba lavando el rostro.

Manuel Campos, otro alumno del centro, también pudo contemplar la extraña aparición, aunque lo suyo fue, quizás, una visión de otro tiempo: “Estaba sentado en uno de los primeros bancos de la primera planta, cuando empecé a escuchar un cántico que parecía aproximarse hacia mí, cada vez era más evidente y cuando miré hacía mi izquierda, vi cómo desde el final del pasillo se aproximaban una fila de niños cantando una canción sobre la guerra.

Estaban pálidos, vestían pantalones cortos, muy decrépitos…y los acompañaba una mujer con hábitos de monja. Pero sus figuras no eran claras, sino que semejaban semitransparentes, aquello no era normal, se me aceleró el corazón, creí que me iba a dar una taquicardia y nada más pasar ante mi, desaparecieron de repente”.

Tal fue la impresión que este hecho le produjo a Manuel, que sufrió un ataque de nervios. Incluso se acercó a la conserjería para averiguar si había tenido lugar alguna visita escolar a las instalaciones del centro. La respuesta fue negativa, que por la tarde solo hay talleres y aquello me acabó de convencer que algo raro había podido vivir aquella tarde.

Fuente: (Blog) Historia, Leyendas y Fenómenos de Sevilla (sevillaciudaddeembrujo.blogspot.com.es)" de Carmen Ruiz.