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El edificio del actual Parlamento de Andalucía fue previamente desde su construcción el Hospital más importante de Sevilla llamado el Hospital de las 5 Llagas, también conocido como Hospital de la Sangre, donde se asistían a enfermos desde el siglo XVI.
Construido en 1546 por voluntad de Fadrique Enríquez de Ribera para albergar la fundación de caridad que creó su madre Catalina de Ribera, el Hospital de las Cinco Llagas contaba con capacidad para unas 3.000 camas y estaba dotado de condiciones higiénicas excepcionales en su momento, como cloacas o abastecimiento de agua por medio de un acueducto. «Realizó una gran labor asistencial, especialmente en épocas de inundaciones o epidemias», según destaca la web del Parlamento de Andalucía.
Políticos de renombre, funcionarios y operarios hablan de fenómenos extraños identificados con la existencia del fantasma de Sor Úrsula, una monja que vivió en el siglo XVII y desde entonces deambula por los pasillos y estancias del edificio.
Así al menos han asegurado vigilantes de seguridad, personal administrativo, policías e incluso algunos políticos que dicen haber sentido la presencia de la monja fantasma. Su última aparición «fue hace un par de semanas a un empleado de seguridad del edificio, en la parte de la biblioteca del edificio», afirma José Manuel García Bautista (Sevilla, 1972), autor de la «Guía Misteriosa de Andalucía» o la «Guía Secreta de Sevilla». Este autor asegura que dos parlamentarias, fuera de micrófono, le contaron su experiencia en 2013: la vieron perfectamente cuando se alejaba del lugar con sus hábitos, algo imposible puesto que allí no hay monjas actualmente. De hecho, el antiguo presidente de la Junta de Andalucía, Plácido Fernández Viagas, admitió haber vivido una experiencia paranormal en el interior del edificio.
Sor Úrsula fue, al parecer, una religiosa de la orden de las Hermanas de la Caridad que atendía a los enfermos del Hospital de las Cinco Llagas. «Si bien es cierto que a lo largo de los siglos hay al menos cinco Sor Úrsula más, una de ellas que vivió en el siglo XVII en Sevilla parece ser la causante de las apariciones», según García Bautista. Una monja que tenía fama de estricta, fría e insensible en el trato con los pacientes de este famoso hospital sevillano.
Víctima de una de estas graves epidemias de peste falleció sor Úrsula en 1639 y comenzó su leyenda. Decían que el espectro de una monja se acercaba a los enfermos con un manojo de llaves que tintineaba y les arreglaba las sábanas de la cama. Los que recibían la visita fantasmal morían al poco tiempo. Si no era bien recibida en vida por los enfermos, menos aún después de muerta.
Sabemos de testimonios de aquellos que se encontraron con el fantasma de Sor Úrsula. En 1965, Manuel Moreno fue testigo de una nueva aparición de la monja del Hospital: «Estaba en un pasillo fumando a escondidas ,ya que estaba prohibido, cuando sentí frío e incluso el cigarro parecía apagarse. Me extrañó mucho pero cuando me giré, tras de mí, estaba la monja aparecida ante mí en actitud como de desaprobación... me asusté mucho y salí de allí corriendo buscando a la monja de guardia, a la que le conté el suceso y que no acabó de creerme, si bien es cierto que dos días más tarde el capellán y la monja superior vinieron a mi cama a que les contara el relato. Recuerdo que me dijeron ¿ves como no es bueno fumar?... desde aquel día no fumo, aquella aparición la recordaré mientras viva». Con los vellos erizados, Manuel sigue su relato: «Casi tres semanas después mi compañero de cama, no recuerdo su nombre, me llamó haciéndome señas e indicándome que mirara al frente. Allí justo atendiendo a otro compañero estaba la monja, casi transparente y atareada con el pobre infeliz que casi estaba desahuciado... aquella noche comprendí que no eran cosas mías y que otros muchos enfermos habían visto al fantasma de la monja igual que yo y que por miedo no habían hablado».
El hospital cerró en febrero de 1972 por su pésimo estado de conservación y fue convertido en sede del Parlamento de Andalucía desde 1992. Sor Úrsula, sin embargo, se resiste a abandonar el edificio de sus desvelos y aún ronda sus pasillos, según José Manuel García Bautista.
Allá por el 1975 un vecino de estas calles, Antonio Muñoz, asomado a la terraza de su domicilio, comprobó algo inédito: «serían las diez y media u once menos cuarto de la noche cuando me pareció ver a alguien en los pasillos del hospital. Me extrañó ya que llevaba varios años cerrado y llamé a Paqui, mi mujer, para que viera aquello; cuando lo vimos pasar nuevamente por otra de las ventanas del edificio Paqui me dijo que era una monja... Aquello era imposible, sus vestimentas eran muy antiguas para el año que vivíamos y no tenía lógica, el edificio estaba cerrado a cal y canto. Era muy blancuzca, casi brillante, y la verdad es que nos impactó bastante. Aquella monja no estaba en su lugar en el tiempo...
Esperanza García es otra vecina del lugar y tuvo una experiencia similar allá por el año 1980: «Eran las once y pico de la noche y estaba fregando los platos de la cena, fue curioso porque mi ventana de la cocina da a una de las fachadas laterales del hospital, entonces vi perfectamente a una señora con hábitos, debían ser antiguos ya que no eran como los demás, y que parecía estar haciendo algo por las habitaciones de aquel ala. Fue muy curioso ya que el edificio estaba totalmente cerrado y las autoridades le echaban poca cuenta... Aquello no era de este mundo desde luego, había que estar en mi pellejo para saber instintivamente que aquello no era normal...».
Comenzaron las obras de remodelación del edificio para habilitarlo con fines políticos y los fenómenos tampoco abandonaron a los trabajadores que en el mismo desarrollaron su labor. Carlos Ruiz era uno de esos trabajadores y nos recordaba lo siguiente: «En las tareas de acondicionamiento y remodelación de aquello echamos una temporada larga y yo mismo y muchos de mis compañeros tuvimos experiencias que nos hicieron creer en fantasmas y en apariciones. No era extraño ver a un compañero blanco como la pared diciendo que había visto a una monja paseando por la planta superior... al principio no lo tomábamos en cuenta pero cada vez eran más los que decían ver cosas y sentir cosas y se llegó a un punto en el que tuvimos que concederle la credibilidad que buenos amigos y buenos trabajadores contaban». Este trabajador cambió su expresión y nos comentaba: «Personalmente padecí aquello en mis propias carnes, esto sólo lo conoce mi familia y algunos trabajadores muy amigos que tuvieron también vivencias personales. Yo estaba en el ala del patio 3 y sentí un fuerte olor a antiséptico, la cosa me chocó ya que no tenía objeto ese olor, seguí mi trabajo sin concederle importancia cuando vi pasar a un paso rapidito a una monja vestida de forma antigua por los pasillos superiores; un frío me entró y me cortó el cuerpo, sabía que era imposible lo que estaba viendo y más en una zona en obras, me quedé helado, traté de ver dónde se dirigía pensando posteriormente que podía tratarse de alguien, fue una locura, no lo pensé bien, la monja había desaparecido, se había esfumado... sólo podía oír gritos de dolor y el llanto de un niño... fue horrible. Entonces bajé blanco y mis compañeros entendieron que algo debía de haberme pasado».
«Hay políticos que han hablado en privado de ello, unos de más peso dentro de la política andaluza y otros con menos pero todos cuentan una historia, una anécdota, un susto y hasta un encuentro», afirma el investigador en fenómenos paranormales.
Los testigos describen su experiencia como una presencia «física, como yo te pudiera ver a ti, que no interactúa con las personas, simplemente pasea por determinados lugares». «Al fantasma parece darle igual que haya como que no haya personas. No tiene la misión de asustar a nadie», relata García Bautista. Simplemente «se ve» y en esos momentos se suceden fenómenos como que «baja la temperatura» o «hay anomalías eléctricas».
Los sucesos se siguen produciendo y llaman la atención las reticencias del grupo de seguridad a efectuar sus rondas solos por determinadas estancias y pasillos del edificio.

Fuente: Varias fuentes.