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El Centro del Mudéjar fue inaugurado el 11 de enero en el Palacio de Marqueses de la Algaba, con un total de 111 piezas procedentes de distintos museos de la ciudad, como el Arqueológico, el de Bellas Artes y el de Artes y Costumbres Populares, así como bastantes piezas rescatadas del convento de Santa Clara tras su restauración.
De hecho, la idea de la creación del Centro surge después del descubrimiento, en varias habitaciones cerradas del restaurado ex convento de santa Clara, de gran número de azulejos de época mudéjar apilados de mala manera en cajas de plástico de las usadas en las fruterías.
Como en el Museo Arqueológico existía una serie de piezas de igual estilo que no se exponían por falta de sitio y medios, la delegada de Cultura del Ayuntamiento sugirió la exposición de las piezas en algún sitio adecuado. Este lugar fue propuesto por el delegado de Participación Ciudadana, cuyos Servicios Centrales se ubicaban en el palacio de los marqueses de la Algaba, restaurado completamente en 2.002 por la anterior corporación municipal, instalaciones que el servicio no ocupaba completamente.
El autor del proyecto museológico fue Juan Luis Ravé, técnico del gabinete didáctico de la Delegación Provincial de Cultura de la Junta de Andalucía, del que se puede decir que ha hecho buen trabajo, sobre todo teniendo en cuenta los limitados fondos de que disponía.
La historia del edificio comienza a mediados del siglo XV en la collación de Omnium Sanctorum, a instancias de don Juan de Guzmán, Primer Señor de la Algaba pero todavía no marqués, con el fin de evitar desplazamientos desde la localidad de La Algaba, ya que desempeñaba importantes cargos en el gobierno de la ciudad de Sevilla. La construcción original todavía tenía detalles defensivos, como una robusta torre o la primera planta de las fachadas de piedra labrada.
En 1.565, Felipe II otorga el marquesado de la Algaba a don Francisco de Guzmán y Manrique, que amplía el palacio y lo dota de jardines.
La invasión napoleónica y, más tarde, las desamortizaciones, supusieron para el enclave el deterioro y expolio de mármoles, azulejos y demás enseres, derribándose incluso el pasaje volado, apoyado sobre un arquillo, que comunicaba directamente el edificio con la iglesia de Omnium Sanctorum, de cuya Capilla Mayor eran patronos los marqueses.
Pasa a propiedad particular y, coincidiendo con la apertura del mercado de la Feria, se transforma una parte en casa de vecinos y otra en el teatro Hércules. Años más tarde, sus jardines cobijaron el cine de verano Arrayán, que permaneció hasta principios de los sesenta del pasado siglo, saliendo de la casa los últimos vecinos pocos años después. A partir de entonces quedó como refugio para gente de mala vida y drogadictos, viéndose incluso el Ayuntamiento en la necesidad de apuntalar la portada gótico-mudéjar para impedir que se viniera abajo.
Afortunadamente, entre 1.998 y 2002 fue rehabilitado íntegramente por la Gerencia de Urbanismo del Ayuntamiento de Sevilla, gracias al Plan Urban de fondos europeos, albergando desde entonces los Servicios Centrales de la Delegación de Participación Ciudadana del consistorio municipal. A este uso se ha añadido, desde el 11 de enero de 2.013, el Centro del Mudéjar, al que nos referiremos detalladamente más adelante.
La familia de los Guzmanes siempre tuvo fama, en la antigüedad, de turbulenta. Y en su palacio de la calle de la Feria, esquina Arrayán, tuvieron lugar sangrientos sucesos en los que fallecieron, asesinados, varios miembros de esa familia. Particularmente en la maciza torre de palacio.
Tras la epidemia de peste de 1.649 que tan gran mortandad causó en la ciudad, los jardines tuvieron que ser habilitados como cementerio, como veremos en las fotografías.
Además, durante el motín de la calle Feria el día 22 de mayo de 1.652, provocado por la subida del precio del pan, la multitud se congrega ante el palacio, siendo duramente reprimida por la guardia del mismo, quedando como saldo un elevado número de fallecidos.
Ya vemos, pues, que en este edificio han abundado las muertes violentas a lo largo de los siglos, por lo que no es de extrañar que el lugar haya quedado “impregnado” de hechos misteriosos.
Como suele ser habitual en estos casos, los viejos fantasmas despiertan de su letargo durante unas obras, concretamente las de restauración del edificio entre los años 1.998 y 2.002. A la finalización de las mismas, los vigilantes de seguridad atestiguan que durante la noche el ascensor se pone en marcha solo, las luces se encienden y se apagan y se oyen ruidos, sonido de pasos y susurros; se producen también bruscas bajadas de temperatura y cambio de localización de objetos. Todo ello de madrugada, cuando no queda nadie en el edificio,
A consecuencia de estos fenómenos, las rondas se realizan por parejas, en vez de por un solo vigilante. Y precisamente ante dos de ellos, las manifestaciones extrañas desembocan en la aparición de una dama de blanco que pasea, más bien flota, lentamente por los pasillos de la galería de la planta alta. Los guardias volvieron al día siguiente con una grabadora y realizaron una serie de preguntas en la zona donde apareció la dama por primera vez. Al revisar la cinta apareció la siguiente conversación:
Pregunta: ¿Hay alguien aquí, con nosotros?
Respuesta: Seguiré velando a vuestra merced.
Pregunta: ¿Por qué nos molestáis?
Respuesta: De voto os pertenece.
También se oían una serie de frases que no respondían a ninguna pregunta:
- Tras sus pasos, ilumíname.
- Dios me guía.
- El Año del Señor.
Los fenómenos siguen produciéndose en la actualidad, sin que nadie, hasta el momento, haya podido identificar la fantasmal dama ni la causa de su eterno paseo.
La portada principal se abre a un ensanche situado tras el mercado de la Feria rotulado como plaza Calderón de Barca, es de gran interés y posee dos cuerpos: el inferior construido con sillares de piedra, y el superior decorado con azulejos policromados. A la derecha de la portada, mirando de frente hay una ventana geminada poli lobulada, con columna central de mármol blanco, enmarcada por alfiz de azulejos y coronada por un tejaroz de madera, que constituye el único resto que queda de la construcción mudéjar original. Bajo ella se sitúa otra de las puertas de acceso.
A la vuelta de la esquina, haciendo chaflán con la calle Arrayán, hay un gran portón que constituiría la entrada al apeadero y, un poco más adelante, se puede observar una pequeña entrada de servicio, que comunica con la antigua zona de cocinas y el patio. Existía además, otra entrada, que quedó tapada, al igual que una parte del jardín, con la construcción de un bloque de pisos en la calle Arrayán.

Fuente: Blog: "Leyendas de Sevilla" de José Becerra.