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Comenzada en 1761, constituye un típico ejemplar de las Plazas de Toros españolas de concepción neoclásica.
La Plaza de Toros constituye uno de los ejemplos en que monumento y residencia se construyen a la vez en el tiempo. Se comienza a construir en 1761; veinticinco años más tarde sólo se ha podido levantar un tercio de la misma, manteniéndose de madera el resto, y no será hasta 1839 cuando se concluya la mitad del edificio.
Ya por estas fechas comienzan a construirse viviendas adosadas a la plaza en torno a su perímetro, que continuarán construyéndose hasta la última intervención de Aníbal González en la Casa de la Real Maestranza.
Cuando, al fin, el edificio decide cerrarse definitivamente y no lo hará hasta 1881- han pasado 120 años, se encuentra con que las viviendas le han pisado el terreno. La exacta geometría que proponía el proyecto original de Vicente San Martín, de 1771, resulta que ya no puede inscribirse en el resto del solar de que ahora dispone la Plaza, y tiene que aceptar el compromiso que supone la localización de las viviendas existentes. Lo que hará que la forma del ruedo no sea estrictamente geométrica, hecho que como hemos visto sólo es explicable desde el propio proceso de construcción del monumento.
Se podría decir que el monumento no es sólo la plaza de toros sino que toda la manzana triangular donde se diluyen los límites entre la plaza y el continuo residencial en una serie de espacios (calle Circo) que cobran el valor de esos otros, tan frecuentes en la ciudad, como el apeadero, el compás de un convento, los zaguanes del caserío, que van a resolver esa relación ambigua entre el edificio y la calle, el monumento y la ciudad.
La Plaza se ha ido construyendo a la vez que el caserío, casi como una casa más del entorno, con las mismas implicaciones e iguales servidumbres, esto se denota, por ejemplo, en la irregularidad de la planta, debida a que al dilatarse en el tiempo el proceso de construcción, las viviendas que se fueron construyendo en las inmediaciones ocuparon en parte el solar destinado a la plaza, teniendo ésta finalmente que acomodar su geometría al espacio existente, resultando un ruedo ligeramente ovoide.
El graderío se distribuye en dos zonas, la inferior descubierta y la superior cubierta con galería de arcos.
Como elemento más emblemático y reconocible, dentro del complejo proceso de inserción de la plaza con las crujías de viviendas, destaca la fachada de la misma.
La portada constituye un conjunto de tres cuerpos, uno central que alberga la puerta de entrada y dos laterales que adoptan el esquema de torres.
El cuerpo central se resuelve con un vano rematado por un arco de medio punto y flanqueado por columnas toscanas que sostienen el balcón situado sobre la puerta, éste también está flanqueado por dos columnas que sirven de apoyo a su vez al frontón triangular que remata este cuerpo central. El balcón es la expresión exterior del palco regio, estancia cubierta con una bóveda de estilo grecorromano y decorada con labores de tallado.
Los cuerpos laterales a modo de torres presentan en planta baja puertas de menor envergadura que el central, con profusa decoración y óculos simples de jambas molduradas en planta alta. Sus cubiertas se resuelven mediante tejaroces que en los puntos de encuentro de los faldones presentan remates decorativos.
El resto de la fachada es de dos cuerpos, el inferior se cubre mediante azotea con antepecho calado y el superior presenta arquerías de medio punto sobre columnas de mármol que se corresponden con las del interior.

Fuente: bdi del Patrimonio Inmueble de Andalucía (Junta de Andalucía)