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La planta de la torre es octogonal, de lados irregulares, y se conocían dos estancias; una planta baja, sobre la cual se situaba una planta principal que daba acceso a la cubierta superior cerrada por un antepecho almenado. Las obras de restauración han descubierto un espacio inferior que servía de aljibe o lugar recolector de aguas.
Rechazada ya plenamente la tesis sobre el origen romano del recinto amurallado de Sevilla, se tiende a seguir la hipótesis sobre el carácter almohade de la muralla.
Actualmente se define con más certeza la hipótesis basada en las recientes investigaciones arqueológicas, de que el último recinto amurallado de Sevilla corresponde a una primera obra emprendida por los almorávides parcialmente modificada en época almohade.
La datación de la muralla almorávide de Sevilla es aproximadamente hacia 1125. El último añadido de la muralla de la Sevilla árabe, exceptuando la zona palaciega del flanco Sur de la ciudad, tiene lugar en las postrimerías de la etapa almohade con la construcción de la Torre del Oro y las Murallas que unían la coracha con el resto de la ciudad hacia el 1220. Al año siguiente se construye la barbacana y el foso. Además se sobrealzan los muros del perímetro total de la cerca para dejarlo a la misma altura que el nuevo sector almohade construido a la orilla del río por el lado de la Torre del Oro.
La Torre de la Plata se insertaba en el encintado que delimitaba la manzana de la Casa de la Moneda.
Las murallas de Sevilla permanecieron prácticamente como la dejaron los árabes hasta fines de la Edad Media. A partir de este momento, cuando las murallas dejan de tener sentido como método de defensa, se adaptan espontáneamente a otros usos.
Desde que dejaron de existir las prohibiciones de edificar apoyándose en la muralla cuando éstas perdieron su utilidad defensiva, sus muros sirvieron de soporte de multitud de casas, almacenes y otros inmuebles.
A partir de comienzos del siglo XVI, la torre se vio rodeada de casas, almacenes y depósitos, perdiendo progresivamente su definición estratégica y su espectacularidad visual. En este sentido la Torre de la Plata aparece incluida en el Corral de Segovia sin uso alguno, hasta el siglo XVII que fue alquilada junto con otras construcciones colindantes.
Hasta época muy reciente sirvió de vivienda y los edificios adosados a ella hicieron olvidar su protagonismo de otros tiempos, solo vislumbrándose de su alzado el andén de almenas sobresaliendo apenas del caserío.
La planta inferior presenta una configuración ochavada, siguiendo la delimitación exterior de la atalaya. Se cubre por una notable bóveda de nervaduras con cariz de gótico primitivo, dispuestas en ocho elementos que soportan otras tantas nervaduras de sección rectangular, con aristas ligeramente achaflanadas. Arrancan de unas sencillas pilastras con unas no menos simples impostas y vienen a unirse todas en un empino o clave de forma poligonal.
La escalera primitiva se halla derruida y se accede a la planta alta a través de la vivienda adosada a la torre por una escalera perteneciente a esta construcción posterior.
Una disposición similar se advierte en la planta alta, solo que aquí la bóveda de nervaduras aparece reforzada por una serie de tirantes de hierro que parten de un zuncho del mismo material, que trasciende hacia el exterior. En este caso se conserva la escalera original, estructurada en dos tramos apoyados sobre los muros interiores, con unos curiosos arquillos de descarga de ladrillo, algo peraltados. Por esta escalera se accede a la azotea superior.
En el aparejo exterior de ladrillo, en la zona alta, se observa la línea de un almenaje relleno en un posible recrecido de la torre.
Probablemente en su origen los paramentos de la torre estuvieron cubiertos por un enlucido encalado, de ahí el nombre de Torre de la Plata con el que siempre se ha conocido a esta atalaya.
En cuanto al lienzo de muralla conservado que parte de ella, se integra en el conjunto de la Casa de la Moneda y formaba parte de la coracha que unía a la Torre de la Plata con la Torre del Oro, a través de una torre más pequeña intermedia.
Merecen consideración particular las casas adosadas a la torre con fachada a la calle Santander, que son un valioso ejemplo de las nuevas corrientes arquitectónicas introducidas en Sevilla por los maestros manieristas italianos, a comienzos del siglo XVII, como Vermondo Resta, que fue su autor.
Actualmente se restaura y se planifica su rehabilitación con funcionalidad aún no determinada.

Fuente: bdi del Patrimonio Inmueble de Andalucía (Junta de Andalucía)