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La Basílica Menor de Santa María de la Esperanza Macarena, popularmente conocida como Basílica de la Macarena, es un edificio relativamente moderno. La Real, Ilustre y Fervorosa Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestra Señora del Santo Rosario, Nuestro Padre Jesús de la Sentencia y María Santísima de la Esperanza Macarena que tiene su sede en ella es, en cambio, bastante más antigua.
Su origen se sitúa en el año 1.595, fundada por el gremio de hortelanos de la ciudad (recordemos que el Arco de la Macarena era conocido como Puerta del Campo) en el desaparecido convento de san Basilio, que se encontraba situado en la calle Relator. Se trasladó 1.653 a la parroquia de san Gil, fusionándose con la Cofradía de Nuestra Señora del Santo Rosario. Allí residió durante casi tres siglos.
La construcción de la basílica se inició en 1.941, con la bendición del cardenal Segura de los terrenos donde se edificaría finalmente, en la casa número 1 de la calle Bécquer, donada para tal fin por doña Teresa Díaz García (el proyecto original contemplaba una parcela de terreno baldío delante del Hospital de las Cinco Llagas, donde hoy se sitúan los jardines del Parlamento). Posteriormente, la segunda fase del proyecto añadiría varias fincas colindantes a la casa inicial. Finalizaron las obras en 1.949, siendo bendecida por el mismo arzobispo, actuando como padrinos el teniente general Queipo de Llano y Serafina Salcedo, señora de Bohórquez y, finalmente, consagrada por el cardenal José María Bueno Monreal en 1.966.
La edificación fue llevada a cabo gratuitamente por el arquitecto sevillano Aurelio Gómez Millán. Responde al estilo barroco andaluz, según expreso deseo de la Junta de Gobierno de la Hermandad.
La construcción está precedida por un atrio de entrada, cerrado por una reja de Fundiciones Marvizón, inspirado en los conventos de san Clemente y santa Clara. La fachada presenta un pórtico que combina arco y dintel sustentados por columnas de mármol procedentes de la Catalana de Gas (después cine Imperial y actualmente Librería Beta, en la calle Sierpes). Sobre ellos se sitúa un entablamento en el que vemos una hornacina que alberga la representación de la virtud teologal de la Esperanza, con un ancla como habitual atributo. En un segundo plano de la fachada se levanta la espadaña, de dos cuerpos, con frontón partido, pináculos y adornos de forja. Dos azulejos aparecen en el atrio: Nuestro Padre Jesús de la Sentencia y Nuestra Señora del Rosario, ambos de Antonio Morilla y de la misma fecha, 1.959.
La imagen de la Esperanza Macarena es de autor desconocido, aunque es claramente de la escuela de Pedro Roldán. Hay muchos candidatos a su autoría: el propio Pedro Roldán, su hija Luisa La Roldana, Juan de Mesa o Martínez Montañés. Con una estatura de 1,75 metros, realizada en pino y ciprés, se trata de una imagen de vestir, restaurada de brazos y hecho busto en 1.881. Ha recibido numerosas restauraciones, corriendo la última y más completa a cargo del afamado catedrático de Bellas Artes Francisco Arquillo.
En el lado del Evangelio más cercano al presbiterio se sitúa la Capilla de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia. El titular es una imagen de vestir, tallada en madera, obra del maestro escultor y pintor Felipe Morales Nieto, quien se obligó en 1.654 a hacer ocho figuras de pasta de madera para la Cofradía, a saber: “una cabeza de Nuestro Señor Jesucristo con su cuello y hombros hasta medio pecho y sus manos con sus muñecas hasta el codo y sus pies y piernas hasta las rodillas y siete cabezas con sus pescuezos y manos de figuras de fariseos“, según se recoge en el contrato hallado en 1.930 por Enrique Repetto en el Archivo de Protocolos. Dicho encargo respondió a la inclusión de un nuevo titular a la Hermandad, que promoviera la “Contemplación de la Injusta Sentencia de Muerte que dieron a Cristo Nuestro Redentor”.
Le mostramos ahora La leyenda de la Macarena y el reloj del Hospital de la Sangre.
La referencia escrita más antigua de esta leyenda se debe a Félix González de León, cronista de la ciudad durante la primera mitad del siglo XIX, más tarde recogida, todavía en el mismo siglo, por José Bermejo en sus "Glorias Religiosas".
Refiere, con ciertas dudas, que Nuestra Señora de la Esperanza había pertenecido al Hospital de las Cinco Llagas o de la Sangre, sin precisar la fecha, ni existir documentación alguna al respecto. En efecto, solo hay constancia de haber residido inicialmente en el convento de san Basilio, desde mediados del siglo XVII, en la parroquia de san Gil y, por último, en su basílica de la Macarena.
El Hospital de las Cinco Llagas, denominado también con el tiempo, de la Sangre, pasa por ser otra de las instituciones más características del popular barrio desde el traslado definitivo a este lugar, ya que inicialmente tuvo su emplazamiento en la calle Santiago.
Según la leyenda, un viajero que iba a embarcarse hacia las Indias cayó enfermo antes de subirse al barco y lo llevaron al Hospital de las Cinco Llagas, hoy sede del Parlamento Andaluz. No se pudo hacer nada por su vida y murió sin haber hecho testamento. Al cabo de un año, nadie reclamó el cadáver y el hospital decidió quedarse con lo que llevaba. Abrieron su maleta y allí encontraron la mascarilla y las manos de una Virgen bellísima. A pesar de la belleza de la imagen, las monjas que se hicieron cargo de ella no encontraron un altar donde colocarla debido a la falta de espacio en la capilla, así que la guardaron en un lugar seguro.
Unos años antes, a finales del siglo XVI, se había fundado una Hermandad en el antiguo convento de san Basilio. Esta hermandad solo tenía un Crucificado que procesionaba en Semana Santa. Con el paso de los años decidieron adquirir una Virgen, a la que darían la advocación de Esperanza.
Por otra parte, la leyenda nos dice que a mediados del XVII se necesitaba en el hospital un reloj con campanas para los servicios religiosos. Providencialmente, la Hermandad de la calle Relator tenía un reloj que les había donado un devoto, pero no lo utilizaban porque ya tenían el del convento de san Basilio. Entonces propusieron cambiar la Virgen por el reloj.
Pero no fue tarea fácil, ya que el administrador del hospital no quería perder del todo la imagen, por lo que exigió que no constase como permuta definitiva, sino como cesión temporal sine die. La Hermandad podía anular el acuerdo cuando quisiera, pero no así el hospital, que solo podría romper el contrato si la imagen entrara en los terrenos del hospital.
Por este motivo, la Hermandad de la Macarena no se atrevía a pasar con su Virgen el pórtico del hospital. No obstante, en 1.846, se derrumbó el techo de san Gil mientras la Hermandad realizaba su estación de Penitencia. Ante la imposibilidad de regresar al templo, dispusieron los oficiales de esta Corporación que la cofradía entrara en el recinto sanitario. Hizo la entrada el cuerpo de nazarenos y el paso de Misterio, atravesando de igual forma el cancel el grupo de penitentes de la Esperanza. En ese momento, uno de los presentes, un anciano, a voz en grito, clamaba que no entraran la Virgen en el hospital, pues la perderían. Contó al Hermano Mayor que de joven había sido aprendiz de relojero y había ayudado a la instalación del reloj en el hospital, por lo que conocía los términos del contrato. Finalmente, se llevaron los pasos a la iglesia de san Hermenegildo, en la Puerta de Córdoba,… por si acaso.
A pesar de todo, el bulo se rompió. En varias ocasiones, el paso de la Esperanza Macarena entró en el Hospital a su vuelta de la estación de Penitencia, como ocurrió la mañana de Viernes Santo de 1.937, durante la guerra civil española, en que tuvo acceso al interior, según la prensa local, para bendecir a los heridos del frente de batalla.

Fuente: Blog "Leyendas de Sevilla