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El actual Paseo de Catalina de Ribera tiene su origen remoto en la cesión de terrenos a la ciudad por los Reales Alcázares entre 1849 y 1862, y que eran conocidos como Huerta del Retiro, con el objetivo de embellecer la ronda exterior. A fines del siglo XIX se acometió un primer proyecto de ajardinamiento y amueblamiento del denominado en esos momentos "Paseo de los Lutos" y, en 1920, con motivo de las intervenciones realizadas con vistas a la Exposición Iberoamericana, el arquitecto Juan Talavera y Heredia, formaliza las trazas conservadas en la actualidad.
En 1915 intervino introdujo decoraciones cerámicas siguiendo el gusto regionalista del momento, así como restos arqueológicos y pérgolas. En el año 1916-17 se construyó la caseta del guarda y entre 1917 y 1923 la conocida glorieta José García Ramos.
Este mismo arquitecto, notorio representante del historicismo regionalista, había diseñado pocos años antes los contiguos Jardines de Murillo, fruto también de la cesión (1911) de otra porción, situada al noroeste, de la Huerta del Retiro del Alcázar, para comunicar el barrio de Santa Cruz con el Prado de San Sebastián.
El Paseo de Catalina de Ribera y los Jardines de Murillo conforman una de las zonas ajardinadas de mayor interés histórico, artístico, paisajístico y medioambiental de las existentes en la ciudad de Sevilla. Participando plenamente en la vida de la urbe, conservan interesantes especies botánicas así como muestras arquitectónicas, escultóricas y de elementos de mobiliario urbano originales del momento de su formalización en el primer cuarto del siglo XX.
Los Jardines de Murillo, situados junto a la ronda histórica, actual calle Menéndez y Pelayo, constituye un espacio abierto imprescindible para aliviar la densa ocupación que impone la trama urbana del barrio de Santa Cruz. Lindan con el paseo de Catalina de Ribera, con el que define la imagen de la parte sureste del viejo casco urbano de la ciudad de Sevilla.
El paseo de Catalina de Ribera comunica Puerta de la Carne con la parte norte del Prado de San Sebastián y con la calle San Fernando, recientemente peatonalizada. La antigua Fábrica de Tabacos que se sitúa en este punto, las grandes masas arbóreas del Alcázar que sobrepasan la valla que lo delimitan, el Barrio de Santa Cruz, confieren a este amplio sector ajardinado, la idea de ser antesala de una de las partes históricas de la ciudad más conocida.
El trazado en planta del Paseo de Catalina de Ribera presenta una clara disposición longitudinal, concebida para el tránsito, mientras que el de los Jardines de Murillo responde, por su ubicación y diseño, a un recinto más recoleto.
El Paseo se estructura mediante un eje central y dos ejes secundarios, paralelos a aquél y dispuestos a ambos lados, que se configuran por parterres delimitados por pretiles de fábrica y azulejería.
El eje central es interrumpido en su punto medio por un amplio espacio circular centrado por una fuente, también circular, sobre la que se alzan, encima de un pedestal con bustos de Colón y los Reyes Católicos, dos columnas que soportan un entablamento coronado por la figura de un león y, a medio fuste, las proas de las carabelas. El monumento, que aporta el elemento vertical de compensación compositiva al Paseo, fue diseñado por el arquitecto Talavera y ejecutado por el escultor Lorenzo Coullaut-Varela, y está dedicado a Cristóbal Colón, en consonancia con los eventos de la Exposición Iberoamericana de 1929, momento en que se realizó.
Muy cercana a la fuente monumental está la fuente parietal, adosada al muro de cerramiento de los jardines del Alcázar, dedicada a Catalina de Ribera, benefactora de la ciudad con la fundación del Hospital de las Cinco Llagas. Cuenta con una estructura arquitectónica de estilo neo manierista diseñada por el mismo Talavera y Heredia con pinturas alusivas a la dama, más los restos de otra fuente del siglo XVI.
Los jardines de Murillo, muestra una mayor integración con las masas arbóreas del Alcázar, denotando la procedencia de los terrenos. En fácil distinguir su límite con el Paseo de Catalina de Ribera cuya trazado lineal a cordel parece quedar sometido al trazado que impuso en ese tramo la ronda histórica. Presentan una composición basada en caminos en retícula formados mediante setos y pavimentos que, en sus encuentros, crean glorietas de planta octogonal en las que se disponen fuentes centrales y bancos de fábrica recubiertos de azulejería. Los parterres resultantes están ocupados por densas masas de vegetación que otorgan al recinto un ambiente íntimo.
Entre los espacios abiertos destaca la glorieta dedicada al pintor José García Ramos que queda delimitada por arcos de entrada y muretes en los que existen paños de azulejos que recrean obras famosas de dicho artista, ejecutados por otros pintores del entorno del maestro como Miguel del Pino, Santiago Martínez, Alfonso Grosso, Manuel Vigil, y Diego López. En sus proximidades se encuentra una construcción de estilo regionalista dedicada a vivienda.
En estos jardines puede hallarse una gran variedad de especies vegetales, sobresaliendo, por su edad y desarrollo, ejemplares de Magnolia Grandiflora, Cupresus Sempervivens Estricta, Ficus Magnoloides Religiosa, Platanus Hibrida, etc.

Fuente: bdi del Patrimonio Inmueble de Andalucía (Junta de Andalucía).